El peligro de volver

Hoy hablábamos de lo difícil que resulta combinar dos mundos diferentes y encontrar el equilibrio. Hoy me has hecho recordar toda aquella vorágine de emociones que sentí a mi regreso de una de las experiencias más increíbles de mi vida.

Cuando volver a “tu mundo” supone regresar a un mundo lleno de facilidades, de oportunidades, de tradiciones… y sin embargo, es justo de lo que quieres huir, te vuelves loca. Crees que estás sola y loca. Porque en realidad, lo único a lo que quieres regresar es a la vida complicada, al lugar donde sobrevivir es una práctica diaria. Quieres volver a sentir que cada día es un regalo, pues no hay seguridad ni promesas.

Vivir no es un solo camino. Vivir es una maraña de callejuelas y atajos indescifrables. Puede que alguien te diga qué calle tomar, pero a veces, existe la opción de aventurarte a tomar el camino que carece de señales y de luz.

Pero existe un peligro. Puedes llegar a amar la oscuridad. Puedes incluso, añorar la oscuridad. Y entonces, comprendes que vives en peligro. Porque regresar siempre supone un proceso adquirido.
Y durante ese proceso, lo que te rodea se encarga de iluminar bien tu camino para que olvides lo que un día conociste: el otro lado.


Un cambio sensato

En algún maravilloso momento, decidí que esto podía ser parte de mi vida real. No quise consultarlo, simplemente cerré los ojos, y dejándome llevar, hoy me encuentro frente a frente con mis miedos.

Se me atraganta en ocasiones esa sensación de descubrir que nada es como lo planeaste. Sin embargo, la absurda felicidad que encuentro en los míseros detalles de mi día a día, me dan una bofetada en la cara y me transportan a mi yo más íntimo. Ahora resulta que he descubierto que soy una más. Una de tantas que se conforman con el suave sonido del silencio, o con una mano sobre la espalda, o con una cama llena.

Lejos quedan las aventuras. Más lejos aún los planes indescifrables. Y esa parte de ti que siempre se preguntó “por qué”.

Ahora mi aventura consiste en realizarme de nuevo.


Sólo pasa una vez

Sus latidos se aceleran. Como un solo de batería en la última canción de un concierto.

Se asoma por el horizonte, lo vislumbra levemente, pero sabe que al fin, ha llegado el momento. No ha querido pensarlo demasiado. Probablemente, si lo hiciera, volvería a hundirse en un mar de confusiones absurdas.

Pero sí, sabe que es ahora o nunca. ¿Por qué dejarlo al azar? Nunca le ha convencido demasiado la suerte, es una ramera desafiante.

Parece que ya llega. Hay que estar atenta, las puertas no permanecen mucho tiempo abiertas.  Se amarra fuerte las botas, para no perder la fuerza en la primera batalla. Mira de frente a la puerta que se abre, y decidida, da el paso.

Ya está. Ha logrado entrar. Todo ha pasado más deprisa de lo que nunca había imaginado.

Ahora sólo queda resolver hacia dónde le llevará este tren…


27

Ayer cumplí 27 años, y aún no sé qué quiero hacer con mi vida. Creo que nunca había estado tan perdida.
Es curioso recordar que hace más de una década, imaginaba mi futuro paso a paso, y bien claro. Suponía que a esta edad habría encontrado un lugar en el universo. Un trabajo con el que comerme el mundo, una persona con la que compartir un especial modo de vida, y un hogar al que regresar diariamente a buscar la tranquilidad y consuelo que requiere el ajetreo rutinario.

Sin embargo, acompañando a esta época de crisis mundial, en la que andamos dándonos cabezazos contra las paredes, me encuentro yo. Justo delante de una nueva puerta que se me ha abierto, la de la incertidumbre.
Hace apenas dos semanas, contaba con un camino recto, dirigido hacia alguna parte, en el que me planteaba qué paso dar, pero siempre sobre una tierra firme. Hoy ese camino se ha torcido sin previo aviso. Me he caído sobre una zanja y estoy absolutamente, llena de barro.

Así que tengo un dilema. En ese puzzle que me había formado hace tantos años, no había contado con la ambición o la curiosidad. Eso sí, la pieza de la pareja hace un tiempo que la encontré.
Y ahora se revuelven estas partes entre sí. Presionándome sin darme siquiera un respiro, haciéndome ver que el tiempo pasa y que en algún momento, me tocará decidir si abrir o cerrar la puerta.

Pero, miro hacia otro lado. No quiero tomar ninguna decisión. Quizás pueda esperar un tiempo más…. o tal vez, no.


Sospecho

Sospecho que en algún lugar, alguien anda cumpliendo su maravilloso plan. Y sospecho también, que mi propio plan está peleando fuerte para que le dejen salir. Sin embargo, no consigo vislumbrarlo del todo. Quizás sea porque me he empeñado en cegarme.

Cada día pasa, indiferente, sin diferenciar si se trata del otoño o del verano. Me acomodo en un sillón que destroza por minutos mi espalda y simplemente, cumplo con las pocas órdenes que me han dejado en un buzón de correo.

Pasadas ciertas horas, agarro mi mochila y me mudo, de nuevo y por una noche más, al campo. Allí todo es de otro color. No tiene mucho sentido, pero la carretera que me lleva hasta ese hogar, no sólo logra transportarme al otro lado de la ciudad, sino que además, detiene el tiempo y mi conciencia.
Y cuando por la mañana, el sol se cuela por la persiana, nos miramos y volvemos, como robots, a funcionar sin medida. Yo regreso a mi sillón y él a su mostrador. Yo viviendo entre dos camas sin saber muy bien por qué, acumulando las preguntas que surgen sin cesar y diciéndome a mi misma “ya te tocará”.

 


Biografía tardía

Tengo 26 años. Trabajo desde hace muy poco, y tras muchas vueltas, dentro de lo que se denomina “mi sector profesional”. Soy la hija pequeña y sin embargo, me siento la veterana de la familia. Tengo cierta consideración por los tradicionales valores que mi padre me enseñó y más tarde e irónicamente, los violó. Producto de una generación ochentera que adora la música y creció con el “sueño americano” entre sus cejas. Testigo de una vida que se ha reído y llorado, al mismo tiempo, de mi. Que me ha quitado lo que ha querido y me ha devuelto lo que no he deseado. Soy también, la joven pareja de alguien que me vuelve, en ocasiones, literalmente loca por culpa de su vida, que también se ha reído y llorado de él. Que me pone a prueba, de nuevo. Que me descubre y me olvida, que me reta a seguir, que lo deja todo en mis manos. Soy, o quizás era, la aventurera, la que nunca quedaba saciada de nuevos destinos y que no conocía el peligro de vivir. Ahí es que no sé si soy o era, si quiero ser o he decidido no volver a ser. Soy la que pretende no dar lugar a un ser humano dentro de su cuerpo. Porque no, porque no quiero, y punto. La que adora ser cuestionada y debate con toda su alma a la más mínima. Porque llevo la razón, o quiero llevarla.

Y con todo lo que soy, me siento perdida.


Edita un pensamiento

Y el momento ha llegado. Llevaba demasiado tiempo preguntándome cuándo llegaría; y aunque temido, ha sido esperado. Repentino, pero indudablemente considerado.

Atrapada en un porcentaje de sentimientos que, por otra parte, desbordan esta mente libre de obligaciones y expuesta a sinsabores. Estoy a medio camino de saber qué es lo conveniente y adivinar el siguiente paso. Sin embargo, en mi interior conozco la respuesta. Pero la línea entre el deber y el querer es tan débil que apenas la vislumbro, y me confundo, o al menos, aparento confundirme.

No es demasiado tarde para afrontarlo, y sin duda, la vida no se acaba… pero, siempre hay un “pero”. Y éste, en este caso, me hunde.

SIN DUDA, CONTINUARÁ…

(Esta entrada no pretende ser comprendida. Probablemente, si existe un lector que siga recorriendo este blog, no entienda ni una palabra, PERO desahogarse es necesario y ésta es mi forma de explusar mis ideas).